Opinión

| TIERRA DE CHICLE | ¿Es posible des-caciquear la política en la Zona Maya?

Por Gilberto Avilez Tax

En los meses que duró el confinamiento en el malhadado año 2020 que apenas terminó, y aún en la crisis que se vino con tremenda fuerza en el estado de Quintana Roo como producto de la caída en picada del sector turístico, fue común ver a muchos suspirantes a cualquier puesto público, en hacer hasta lo imposible por estar seguidamente en los reflectores, en moverse como truchas en estanques para que se hablen de ellos en redes por su don de gentes, por su amor “desinteresado” al pueblo, y su solidaridad cuando la pandemia había roto los amarres de una frágil economía mono-dependiente del turismo en la región.

Las papayas del diputado

Es así que, a un lado de las despensas oficiales que enviaba el gobierno estatal y el federal durante los meses de abril y mayo y hasta junio de 2020, vimos a muchos arlequines, logreros, politicastros, “empresarios”, rancheros, diputados inquietos, senadores y senadoras, aves de paso y otros rapaces, visitando las comunidades más apartadas, los municipios más míseros (léase José María Morelos, Quintana Roo) del estado, o las franjas de miseria de los polos turísticos. Llevaban y se hacían tomar fotos en medio de las cocinas improvisadas en tinglados polvorientos, entre pailas entintadas de humo y salpicadas de manteca, mientras los vahos y el aroma de viandas olorosas y sabrosas les daba un halo samaritano al grillo que posaba.

            Y las notas de prensa de sus escribanos a sueldo eran hediondas: el amigo empresario tal y tal, en conjunto con el diputado tal y tal, llevaron comida caliente a familias de pueblos inundados y sin trabajo debido a la pandemia. El otro amigo, junto con sus cuatachos empresarios de Cancún, apoquinó mil despensas para un número igual de gente, pero el ayuntamiento les cerró las puertas y las despensas casi no llegaron. La otra amiga, puso internet gratis en el pueblo de tal, pero se le olvidó que la gente de dicho pueblo no tiene para computadoras y subsanó el error regalando balones de fútbol, pues nunca falta una cancha de fútbol para calmar el hambre del olvido. Y en el colmo del realismo mágico, hubo otro que hasta, comentan sus adictos, rescató cientos, o miles, o un sinfín de bovinos en una simple lanchita “eduardoño” a causa de las inundaciones que para mediados del 2020 se presentaron en la Península como si del diluvio se tratara, haciendo desventrar el manto freático de la Península y escarbando las entrañas de “la bomborota” de Tekax.

            La pandemia ha mostrado hasta qué nivel de insania se mueven algunos improvisados y noveles legisladores que buscan la continuidad para sus aspiraciones políticas hacia la grande en 2022, tal es el caso del diputado “pluri” que desea ya no serlo, Luis Alegre Salazar, que a lo largo del 2020, sustituyendo a sus “caravanas” de la salud y guardando un ratito a su cacaraqueada constitución mayera, llevó despensas, pescado fresco, cargó sacos de maíz para las cámaras, y hasta cosechó toneladas de papaya (¿a nadie se le ocurrió bautizarlo como el “diputado papaya”?), distribuyéndola entre los que menos tienen. Una labor que, en ámbitos más discretos y en consonancia con el más humilde samaritanismo, resultaría encomiable, pero esto no fue el caso: las comidas calientes, el rescate de vacas empantanadas en barcazas, las gordas papayas y demás parafernalia, es cuestionable y hasta censurable porque se dieron en un contexto de doble tragedia como lo fue y es la pandemia y la crisis económica subsecuente. Para noviembre de 2020, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, encontró que este diputado federal se auto promocionó desde sus radios familiares, difundiendo mensajes con motivo de la pandemia.

¿Dos mujeres y un camino hacia el 2022?

            Hoy, iniciado ya el camino hacia el cambio de diputados federales y presidencias municipales en Quintana Roo en este 2021, observamos que en la pugna por el poder no descuellan partidos oficialeros: con el desfonde y la defenestración política del priísmo a nivel federal (el mar de corrupción del peñanietismo) y lo que significa el Felixismo borgismo a nivel estatal, el panismo en este estado nunca se ha aclimatado a las maneras políticas y a la sensibilidad regional.

            Por eso las pugnas que se han presentado desde noviembre del año pasado y que consiste en que Morena vaya sola o en alianza con el Verde y el PT, se están escorando, al final, en dos bandas, con dos mujeres: Mara Lezama (y con ella Jorge Emilio González, el niño Verde, y supuestamente Rafael Marín Mollinedo) y Maribel Villegas Canché (respaldada por el Súper Senador, Ricardo Monreal Ávila, una de las dos cabezas debajo de AMLO que gobierna los destinos de Morena), a la cual desde luego, la legión de sus malquerientes la emparientan con el tufo del Felixismo borgismo, pero existen otros fundadores de Morena en Cancún, en Bacalar, en OPB y hasta en José María Morelos, que le han dado su respaldo a la Senadora.

            Es un hecho que en Morena Quintana Roo, si no ocurre algo inverosímil como la caída de otro meteorito en Chicxulub que desencadene de nuevo el Armagedón, este año el fiel de la balanza, es decir, la candidata que abandere Morena para la presidencia de Benito Juárez –Cancún, donde viven poco más de 780 mil personas del 1 millón 700 (circa) quintanarroenses- habría que leerlo como la que posiblemente sea la primera gobernadora de este estado: Villegas o Lezama, aunque la astucia y el trabajo político de la primera, catalogada como el ejemplo más claro de pragmatismo político, donde la ideología –de derecha, izquierda o lo que diablos sea- es lo de menos,  sobrepasa absolutamente a la antigua locutora de la “denuncia ciudadana” de Radio Turquesa y Grupo SIPSE. Y esto cuando los restos del Yeidkolismo tropical, representado por el Senador Pech, se va desdibujando con acelerada rapidez, y antiguos contrincantes mejor buscarán una posición idónea cuando en estos días que vienen se vea más claro el panorama cercano al 2022.

Y en el ámbito de la Zona Maya

Y en el ámbito de la Zona Maya, al parecer, todo lo que suceda en Cancún y en la Ciudad de México, es más que un eco que mueve los ímpetus de tantos, que causa zozobra, felicidad o desencanto, y que promueve las pasiones más contrastantes. Al parecer, la decisión ya está tomada: Morena irá solo, representado por el actual regidor Erick Borges Yam, un aguerrido empresario de extracto humilde, contador público nativo del pueblo maya de Kantemó, situado en la frontera entre Yucatán y Quintana Roo. Borges, me han comentado, sabe que el problema principal de José María Morelos tiene que ver con crear una real autonomía o soberanía alimentaria, en la búsqueda de romper esa cadena de colonialismo interno de ser periferia sin lograr ensamblarse al turismo, y en donde el grueso de la población está maniatada a una cultura autoritaria que es pasto abundoso para que las familias de los caciques medren. La pregunta que me gustaría hacerle a Borges Yam es la siguiente: ¿aceptaría trabajar con elementos que representan lo más podrido de la reciente historia política de José María Morelos, como el parrismo?

            El otro grupo que veo, es el que saldría del candidato que abandere al Partido del Trabajo en este municipio: son dos posibles candidatos que buscan agenciarse con la representación: los dos son primerizos en la política local, salvo que uno frisa o pasa la cincuentena, y otro apenas está en camino hacia su tercera década. No tengo datos de estos personajes, pero en redes, uno, Francisco Puc, anda muy movido.

¿Cómo des-caciquear la política en la Zona Maya?

Hace unos días, el primer presidente municipal de Felipe Carrillo Puerto y constituyente del 74, Sebastián Estrella Pool, se preguntó cómo es posible que se pueda robar en municipios pobres como Felipe Carrillo Puerto, y, sobre todo, José María Morelos. En casi cincuenta años que han gobernado las familias caciquiles a José María Morelos, se puede contestar a la pregunta planteada, con otra pregunta: ¿por qué no hacerlo?

            Pero los caciques de José María Morelos -lo dije hace casi un lustro-, a casi cincuenta años del nacimiento del estado de Quintana Roo, hoy sus prácticas de gobierno –antidemocráticas las más de las veces- resultan como bloques arqueológicos de un pasado que se tiene que modificar si Quintana Roo consigue la alternancia y consolida su plena democratización con la transición hacia la izquierda en el estado (¿rebasar al Maribelismo o al lezamismo por la izquierda?). El antiguo pacto de poder entre los caciques con la población maya, y con los restos del priísmo autoritario (pero fuerte en la mentalidad actual), es un esquema que futuros gobiernos democráticos deben y están obligados de sustituir por consensos y gobernabilidades más justas, equitativas y democráticas. Esto, en otras palabras, es crear los elementos materiales, educativos y culturales, para modificar el orden existente (algo que no se hará ni en un trienio ni en un sexenio) posibilitado solamente por ciudadanías críticas y participativas.

            Pero en la coyuntura actual, es un hecho que la izquierda de la zona maya –lo que sea eso- debe unir fuerzas y estar alerta a los cantos sirenaicos de los polizontes de derecha, saltimbanquis y chapulines que van de partido en partido en busca de sus beneficios personales, como las familias caciquiles de donde provinenen.

            En estos momentos tan cruciales, no es una opción seguir en las guerras inter tribales de “porque no me gusta tal candidato” o “prefiero el otro” (esa es la política de vieja usanza creada por los caciques), sino de organización y pactos que configuren una propuesta única en la toma de decisiones y en las estrategias políticas a futuro.

            Esa izquierda tendrá que salir de su círculo cerrado de hermenéutica pueblerina y ver que, a lo que se enfrentan, no tiene que ver con las diferencias de los distintos abanderados (que las hay), sino con una estructura de poder caciquil a la cual, tanto miembros de Morena de la zona maya, como los del PT, se enfrentarán y, por ende, están obligados a unirse si es que desean la toma del poder popular.          El discurso, por lo tanto, tendrá que salir de los viejos marcos de la costumbre política, que resulta, por lo demás, anticuada, podrida, y que se mueve según los “dulces” que regalan los caciques y las carretadas de dinero que desvían, y tendrá que florecer a ras de suelo y de pueblos, y no fomentar a otro cacique con el endiosamiento acrítico o el apoyo sin restricciones al posible candidato: será una propuesta donde el candidato debe ser lo menos importante, pues lo verdaderamente importante es que su esquema y su lucha se construya en ese diálogo inmarcesible, en ese diálogo duradero con el pueblo. De otra forma, seguirán en las estériles y vacunas maneras de hacer política como los caciques de la Zona Maya les han enseñado. Ya lo dijo Wallerstein: hay que desaprender lo aprendido, hay que des-caciquear la política de la Zona Maya. ¿Acaso es posible esto?

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