Internacional

DEVASTADOR: 100 muertos y pérdidas millonarias en Honduras tras el paso de “Iota”

San Pedro Sula, en el norte de Honduras, es una de las zonas más afectadas (Fotografía: Especial)

Redacción/NOTICAERIBE PENINSULAR 

CIUDAD DE MÉXICO.- Desolación en Honduras tras las terribles inundaciones causadas por las tormentas tropicales Eta e Iota. Ambos huracanes habrían dejado al menos 100 muertos y pérdidas que podrían superar los 10.000 millones de dólares. 

San Pedro Sula, en el norte de Honduras, es una de las zonas más afectadas. Allí, todo tipo de infraestructuras y cultivos agrícolas han quedado destruidos, y unas 100.000 personas no tienen acceso a agua potable. 

“Aquí pasamos el huracán Mitch, pero no cubrió mi casita, todas las cosas las salvé arriba en el tejado, y no se las llevó el agua. Logré que no se perdieran las cosas, logré algo… Pero ahora no nos esperábamos esta fatalidad. Llegó Huracán Eta y en la misma semana se volvió a llenar otra vez el río y nos tuvimos que ir”, se lamenta Ofelia Bautista, una de las damnificadas por las inundaciones de San Pedro Sula. 

Aunque el nivel del agua sigue bajando, continúa latente el peligro, por los remanentes de lluvias que aumentan el caudal del río Ulúa. En el municipio de la Lima, al sureste de San Pedro Sula, el 98 por ciento de la población ha tenido que buscar refugio. 

La ayuda internacional comenzó a llegar a Nicaragua apenas se despejaron los nubarrones dejados por Iota, el huracán que golpeó con furia el noreste del país centroamericano a inicios de esta semana. Sin embargo, cinco días después, en barrios y albergues de refugiados de Bilwi, la capital regional del Caribe norte, muchos claman por alimentos, medicinas y abrigo. 

Uno de los primeros en acudir en auxilio de las víctimas de los poderosos ciclones Eta e Iota fue Alemania, que envió asistencia humanitaria junto a España, Taiwán, Estados Unidos, Suiza y los principales organismos financieros multilaterales. 

Tras el paso de Eta, el pasado 3 de noviembre, el Gobierno alemán entregó un millón de euros a través del Programa Mundial del Alimentos (PMA), de los cuales 400.000 fueron para Nicaragua. Apenas dos semanas más tarde, tras la abrumadora devastación dejada por Iota, la ayuda germana aumentó en otros dos millones. 

Christoph Bundscherer, embajador de Alemania en Nicaragua. 

“Ya tenemos 3.567.000 euros para Centroamérica”, dijo en entrevista con DW el embajador alemán en Managua, Christoph Bundscherer. “Podemos decir que los países más afectados son Nicaragua y Honduras, así que recibirán la mayor parte de los últimos dos millones de euros”, detalló. 

Alemania es uno de los países de la Unión Europea que ha aprobado sanciones contra altos funcionarios y allegados al presidente Daniel Ortega, por considerar que se cometieron graves violaciones de derechos humanos tras la revuelta social de 2018. Sin embargo, Bundscherer dijo que su gobierno brinda ayuda “donde los seres humanos la necesitan”. 

“Esto es completamente independiente de la situación política. La ayuda humanitaria no es una ayuda política, va para los más necesitados que han sufrido tanto”, agregó el embajador. No obstante, precisó que la ayuda no es entregada directamente a los gobiernos sino al Programa Mundial de Alimentos (PMA), que administra su distribución. 

Bilwi pide apoyo 

Según imágenes difundidas por la televisión estatal, el gobierno de Ortega ha escoltado furgones con ayuda alimentaria del PMA hasta la costa Caribe, donde el huracán obligó a la evacuación de hasta 61.000 personas. Si bien muchas han retornado a sus lugares, otras aún permanecen en albergues. 

El pasado jueves, Guillermo González, director del Sistema de Atención de Desastres (Sinapred), anunció que una caravana de 20 furgones había salido con 300 toneladas de víveres y avituallamiento para Prinzapolka, Rosita, Bonanza y Siuna, todos municipios afectados en el Caribe norte. Sin embargo, la ayuda para Bilwi apenas se estaba preparando, según explicó. 

DW solicitó información sobre el tema a la asistente de la vicepresidenta y vocera oficial, Rosario Murillo, pero no se obtuvo respuesta. Entretanto, la tristeza y el desaliento se apoderan de los damnificados en esa pequeña ciudad de más de 60.000 habitantes, donde no aún no existe una cifra oficial de daños, pero la devastación es abrumadora. Entre escombros y árboles caídos, la desesperación por un techo o un plato de comida aumenta con las horas. 

Angustia y solidaridad 

Con la voz entrecortada, Johana Ortega Barrera, una madre soltera desempleada y habitante del barrio Aeropuerto, de Bilwi, dice que lo perdió todo. “Mi casa quedó totalmente destruida. No tengo trabajo. Hago un llamado al gobierno para que me apoyen”, declaró a DW. 

Johana y sus tres hijos pequeños son parte de unas 600 personas que se refugiaron la noche del lunes en la Iglesia Cristiana Verbo, para escapar de los furiosos vientos de más de 260 kilómetros por hora de Iota. 

“Ahora no tengo a dónde ir, no tengo techo ni dónde vivir”, explicó angustiada, tras indicar que en los últimos días ha sobrevivido gracias a la solidaridad de sus vecinos que le regalan comida. 

Sobre los daños en Bilwi no hay cifras oficiales, pero la destrucción es abrumadora. 

Sobre la asistencia humanitaria anunciada por el gobierno, aseguró que “no hemos recibido ayuda de nadie. No ha venido nadie de parte del Estado. Se han levantado censos pero no regresaron más. Han prometido, pero nada se ha dado”, dijo resignada. 

El mismo reclamo tiene Mélida Carrillo, vecina del barrio El Muelle, que quedó arrasado por el huracán: “No hay alimentos, no hay medicinas, no hay nada”, expresó con tristeza. 

La espera desespera 

“Estamos haciendo levantamiento del censo en los albergues, para llevarlos al centro y conseguir la alimentación”, confirmó en declaraciones a periodistas Josué Castillo, delegado del Comité Municipal de Desastres en Bilwi. Sin embargo, para las víctimas, la espera desespera. 

A Darling Fernández Pereira, otra madre soltera de 25 años y egresada universitaria, Iota se le llevó el techo y le derribó una pared de su humilde vivienda. 

“Se nos inundó la casa, se nos mojaron las camas, la ropa, los pocos alimentos que teníamos”, contó a DW. “Aquí en el barrio Nueva Jerusalén muchas familias hemos quedado sin hogar. Los niños no tienen ropa y están enfermos”, dijo tras explicar que muchos han colocado plásticos donde estuvieron los techos para capear el frío y la lluvia. 

Al igual que los demás, expresó que “nadie ha venido a dar la cara, ni siquiera nos han dado un granito de arroz. El gobierno aparenta apoyar a su pueblo, pero no hemos recibido nada hasta hoy. Dicen que vendrán a censar. Sabemos que en otros barrios apoyan pero solo a su gente, a los que tienen militancia [sandinista]. En verdad necesitamos ayuda”. 

“Una gran pesadilla” 

Limborth Bucardo es un miembro de la organización comunitaria Prilaka (que significa Libertad, en lengua miskita). Su vivienda en el barrio Poza Azul salió ilesa del huracán Eta, pero sufrió daños tras la embestida de Iota. 

“Las familias no habían terminado de recuperarse del primer huracán cuando vino el segundo. Han pasado una gran pesadilla, la gente está muy triste y en zozobra, tratando de entender lo que ha pasado. Y todos están muy sensibles, si les preguntan cómo estás, se sueltan en llanto, porque aparte de perder sus enseres han perdido a la comunidad. Quedaron en la nada”, expresó a DW. 

Las humildes viviendas de madera montadas sobre pilotes, características de la costa Caribe, sucumbieron en Bilwi ante la furia del huracán Iota. 

Bucardo recordó que cuando el huracán Félix azotó el Caribe nicaragüense, en 2007, “la ayuda llegó enseguida”. En cambio, “ahora no ha pasado eso. Ha habido mucho silencio de parte del gobierno. En los albergues están dando una o dos comidas al día, pero la gente no sabe qué ayuda se les dará ni cómo van a recuperar sus viviendas… el futuro es incierto”, dijo. 

“El sacrificio de tantos años el viento se lo ha llevado, de la noche a la mañana. No tenemos a quién culpar por lo ocurrido, pero la gente espera que el Gobierno ayude, como por ley le corresponde”, insistió el dirigente miskito. 

Las imágenes de la destrucción dejada por Iota en la costa Caribe impactaron al país. El embajador Christoph Bundscherer dice que le gustaría visitar la zona cuando el PMA empiece a distribuir la ayuda en esa región, donde Alemania apoya proyectos de agua potable y saneamiento. 

“Me dolió el corazón cuando vi la destrucción causada por estos dos huracanes y sentí mucha compasión por el pueblo nicaragüense, por las personas que perdieron a sus familiares, sus casas y enseres”, expresó Bundscherer. 

San Pedro Sula, en el norte de Honduras, es una de las zonas más afectadas. Allí, todo tipo de infraestructuras y cultivos agrícolas han quedado destruidos, y unas 100.000 personas no tienen acceso a agua potable. 

“Aquí pasamos el huracán Mitch, pero no cubrió mi casita, todas las cosas las salvé arriba en el tejado, y no se las llevó el agua. Logré que no se perdieran las cosas, logré algo… Pero ahora no nos esperábamos esta fatalidad. Llegó Huracán Eta y en la misma semana se volvió a llenar otra vez el río y nos tuvimos que ir”, se lamenta Ofelia Bautista, una de las damnificadas por las inundaciones de San Pedro Sula. 

Aunque el nivel del agua sigue bajando, continúa latente el peligro, por los remanentes de lluvias que aumentan el caudal del río Ulúa. En el municipio de la Lima, al sureste de San Pedro Sula, el 98 por ciento de la población ha tenido que buscar refugio. 

La ayuda internacional comenzó a llegar a Nicaragua apenas se despejaron los nubarrones dejados por Iota, el huracán que golpeó con furia el noreste del país centroamericano a inicios de esta semana. Sin embargo, cinco días después, en barrios y albergues de refugiados de Bilwi, la capital regional del Caribe norte, muchos claman por alimentos, medicinas y abrigo. 

Uno de los primeros en acudir en auxilio de las víctimas de los poderosos ciclones Eta e Iota fue Alemania, que envió asistencia humanitaria junto a España, Taiwán, Estados Unidos, Suiza y los principales organismos financieros multilaterales. 

Tras el paso de Eta, el pasado 3 de noviembre, el Gobierno alemán entregó un millón de euros a través del Programa Mundial del Alimentos (PMA), de los cuales 400.000 fueron para Nicaragua. Apenas dos semanas más tarde, tras la abrumadora devastación dejada por Iota, la ayuda germana aumentó en otros dos millones. 

Christoph Bundscherer, embajador de Alemania en Nicaragua. 

“Ya tenemos 3.567.000 euros para Centroamérica”, dijo en entrevista con DW el embajador alemán en Managua, Christoph Bundscherer. “Podemos decir que los países más afectados son Nicaragua y Honduras, así que recibirán la mayor parte de los últimos dos millones de euros”, detalló. 

Alemania es uno de los países de la Unión Europea que ha aprobado sanciones contra altos funcionarios y allegados al presidente Daniel Ortega, por considerar que se cometieron graves violaciones de derechos humanos tras la revuelta social de 2018. Sin embargo, Bundscherer dijo que su gobierno brinda ayuda “donde los seres humanos la necesitan”. 

“Esto es completamente independiente de la situación política. La ayuda humanitaria no es una ayuda política, va para los más necesitados que han sufrido tanto”, agregó el embajador. No obstante, precisó que la ayuda no es entregada directamente a los gobiernos sino al Programa Mundial de Alimentos (PMA), que administra su distribución. 

Bilwi pide apoyo 

Según imágenes difundidas por la televisión estatal, el gobierno de Ortega ha escoltado furgones con ayuda alimentaria del PMA hasta la costa Caribe, donde el huracán obligó a la evacuación de hasta 61.000 personas. Si bien muchas han retornado a sus lugares, otras aún permanecen en albergues. 

El pasado jueves, Guillermo González, director del Sistema de Atención de Desastres (Sinapred), anunció que una caravana de 20 furgones había salido con 300 toneladas de víveres y avituallamiento para Prinzapolka, Rosita, Bonanza y Siuna, todos municipios afectados en el Caribe norte. Sin embargo, la ayuda para Bilwi apenas se estaba preparando, según explicó. 

DW solicitó información sobre el tema a la asistente de la vicepresidenta y vocera oficial, Rosario Murillo, pero no se obtuvo respuesta. Entretanto, la tristeza y el desaliento se apoderan de los damnificados en esa pequeña ciudad de más de 60.000 habitantes, donde no aún no existe una cifra oficial de daños, pero la devastación es abrumadora. Entre escombros y árboles caídos, la desesperación por un techo o un plato de comida aumenta con las horas. 

Angustia y solidaridad 

Con la voz entrecortada, Johana Ortega Barrera, una madre soltera desempleada y habitante del barrio Aeropuerto, de Bilwi, dice que lo perdió todo. “Mi casa quedó totalmente destruida. No tengo trabajo. Hago un llamado al gobierno para que me apoyen”, declaró a DW. 

Johana y sus tres hijos pequeños son parte de unas 600 personas que se refugiaron la noche del lunes en la Iglesia Cristiana Verbo, para escapar de los furiosos vientos de más de 260 kilómetros por hora de Iota. 

“Ahora no tengo a dónde ir, no tengo techo ni dónde vivir”, explicó angustiada, tras indicar que en los últimos días ha sobrevivido gracias a la solidaridad de sus vecinos que le regalan comida. 

Sobre los daños en Bilwi no hay cifras oficiales, pero la destrucción es abrumadora. 

Sobre la asistencia humanitaria anunciada por el gobierno, aseguró que “no hemos recibido ayuda de nadie. No ha venido nadie de parte del Estado. Se han levantado censos pero no regresaron más. Han prometido, pero nada se ha dado”, dijo resignada. 

El mismo reclamo tiene Mélida Carrillo, vecina del barrio El Muelle, que quedó arrasado por el huracán: “No hay alimentos, no hay medicinas, no hay nada”, expresó con tristeza. 

La espera desespera 

“Estamos haciendo levantamiento del censo en los albergues, para llevarlos al centro y conseguir la alimentación”, confirmó en declaraciones a periodistas Josué Castillo, delegado del Comité Municipal de Desastres en Bilwi. Sin embargo, para las víctimas, la espera desespera. 

A Darling Fernández Pereira, otra madre soltera de 25 años y egresada universitaria, Iota se le llevó el techo y le derribó una pared de su humilde vivienda. 

“Se nos inundó la casa, se nos mojaron las camas, la ropa, los pocos alimentos que teníamos”, contó a DW. “Aquí en el barrio Nueva Jerusalén muchas familias hemos quedado sin hogar. Los niños no tienen ropa y están enfermos”, dijo tras explicar que muchos han colocado plásticos donde estuvieron los techos para capear el frío y la lluvia. 

Al igual que los demás, expresó que “nadie ha venido a dar la cara, ni siquiera nos han dado un granito de arroz. El gobierno aparenta apoyar a su pueblo, pero no hemos recibido nada hasta hoy. Dicen que vendrán a censar. Sabemos que en otros barrios apoyan pero solo a su gente, a los que tienen militancia [sandinista]. En verdad necesitamos ayuda”. 

“Una gran pesadilla” 

Limborth Bucardo es un miembro de la organización comunitaria Prilaka (que significa Libertad, en lengua miskita). Su vivienda en el barrio Poza Azul salió ilesa del huracán Eta, pero sufrió daños tras la embestida de Iota. 

“Las familias no habían terminado de recuperarse del primer huracán cuando vino el segundo. Han pasado una gran pesadilla, la gente está muy triste y en zozobra, tratando de entender lo que ha pasado. Y todos están muy sensibles, si les preguntan cómo estás, se sueltan en llanto, porque aparte de perder sus enseres han perdido a la comunidad. Quedaron en la nada”, expresó a DW. 

Las humildes viviendas de madera montadas sobre pilotes, características de la costa Caribe, sucumbieron en Bilwi ante la furia del huracán Iota. 

Bucardo recordó que cuando el huracán Félix azotó el Caribe nicaragüense, en 2007, “la ayuda llegó enseguida”. En cambio, “ahora no ha pasado eso. Ha habido mucho silencio de parte del gobierno. En los albergues están dando una o dos comidas al día, pero la gente no sabe qué ayuda se les dará ni cómo van a recuperar sus viviendas… el futuro es incierto”, dijo. 

“El sacrificio de tantos años el viento se lo ha llevado, de la noche a la mañana. No tenemos a quién culpar por lo ocurrido, pero la gente espera que el Gobierno ayude, como por ley le corresponde”, insistió el dirigente miskito. 

Las imágenes de la destrucción dejada por Iota en la costa Caribe impactaron al país. El embajador Christoph Bundscherer dice que le gustaría visitar la zona cuando el PMA empiece a distribuir la ayuda en esa región, donde Alemania apoya proyectos de agua potable y saneamiento. 

“Me dolió el corazón cuando vi la destrucción causada por estos dos huracanes y sentí mucha compasión por el pueblo nicaragüense, por las personas que perdieron a sus familiares, sus casas y enseres”, expresó Bundscherer. 

Related Posts

Loading Facebook Comments ...
Show Buttons
Hide Buttons
A %d blogueros les gusta esto: