Opinión

TIERRA DE CHICLE: El Felipe Carrillo Puerto de Armando Bartra

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Gilberto Avilez Tax

Lo compré apenas el fin de semana pasado y no lo he dejado de leer, entre los pocos momentos que tengo para leer con sosiego, pues el libro me enganchó por su escritura ligera y sin florituras barrocas que no tiene nada que ver con los aburridos mamotretos académicos y las prosas profesorales y soporíferas que abunda en los libros de historia profesional. Se titula “Suku’un Felipe”,[1] el hermano Felipe, y habla no solo de la revolución maya yucateca que sería encabezada por Felipe Carrillo Puerto junto con los hombres, mujeres y batabes de los pueblos yucatecos que conformarían las Ligas de Resistencia Socialista y al Partido Socialista del Sureste; sino que, como confiesa su autor Armando Bartra (Barcelona, 1941) en su “advertencia” al libro, se trata de “un relato biográfico que en su búsqueda de la verosimilitud se permite ciertas licencias historiográficas que sin embargo falsean la verdad histórica”.

            Dudo que lo que cuenta Bartra, tenga un ápice de falsedad. El texto es verosímil, es decir, tiene carácter de verdadero, es creíble y nos remonta a esos años finales del siglo XIX y principios del XX en Yucatán, en que morían los últimos estertores de la Guerra de Castas y el noroeste yucateco entraba de lleno a una “modernidad canalla” en pleno auge de la riqueza que diera el agave cultivado por mano esclava. Esa modernidad canalla que Bartra ha venido estudiando desde hace más de cincuenta años:

“A fines del siglo XIX la península de Yucatán se eriza de henequenales; el Soconusco chiapaneco es invadido por plantaciones de café; el oaxaqueño Valle Nacional se cubre de vegas de tabaco; los bosques de Balancán y Tenosique, en la frontera de Tabasco con Guatemala, son abiertos al saqueo masivo de maderas preciosas y las selvas de Quintana Roo a la extracción de chicle; las riveras del Usumacinta se llenan de platanares y los hulares se extienden por Chiapas y Oaxaca. Todo para satisfacer las urgencias de una industria en constante renovación y el gusto europeo y estadounidense por lo exótico. Pero la contraparte del humeante café, los tabacos aromáticos, los muebles de caoba, el suave rodar de los automóviles sobre llantas de caucho y el placer de rumiar chicle es el infierno social en que se transforman las regiones tropicales de México y del mundo. El trabajo forzado, la esclavitud por deudas, las cárceles privadas y los castigos corporales son el lado podrido del “milagro” porfirista, la letra pequeña de los contratos con el Progreso, el retrato de Dorian Grey de la Civilización.[2]

Las reconstrucciones históricas de los tramos prerrevolucionarios de Carrillo Puerto, y su ascenso, apoteosis y muerte son magníficas; y Bartra, autor de más de 30 libros, filósofo y estudioso de los herederos de Zapata, los campesindios, nos presenta una de las biografías más modernas del hijo de don Justiniano Carrillo, un personaje toral de la historia moderna de Yucatán del cual podemos decir que desde sus primeros biógrafos (José Castillo Torre, Edmundo Bolio Ontiveros), hasta los últimos (Sarkisyanz y Mantilla y Sandoval), ha tenido más hagiografía que historiografía.

            El libro de Bartra es, desde luego, un texto escrito desde una posición de izquierda marxista, y aunque favorece algunos hervores hagiográficos, trasciende cualquier deriva sentimentalista y nos demuestra la plena modernidad del periodo carrillista en las luchas actuales de los pueblos originarios por sus derechos. No lo dice en esta especie de novela fidedigna que tiene el año editorial del fatídico 2020, el año pandémico, sino en un libro escrito una década atrás, pues hay que decir que no es la primera vez que Bartra se acerca al carrillismo, pues existen dos trabajos suyos que abordan dicho periodo histórico.[3] En Tiempo de mito y carnaval, Bartra, simpatizante de lo que pasa en el mundo andino con no sólo el “despertar étnico” sino con la toma del poder por parte de los pueblos originarios en Bolivia y Ecuador,  asegura que es oportuno “acercarse de nuevo a la experiencia libertaria yucateca impulsada entre 1915 y 1924 por el adelantado del neoindianismo revolucionario que fue Felipe Carrillo Puerto”.

            Como dije al principio de este texto, el libro está cerca de mí como un talismán. Creo que se convertirá en uno de los libros para entender la historia de Yucatán por su amenidad en la escritura. Lo leo absorto, y podría decir que el Suku’un Felipe de Armando Bartra es su obra cumbre, su legado por el que será recordado durante mucho tiempo, donde todos los análisis que ha realizado a lo largo de su academia comprometida con los “campesindios” (desde las monterías del Soconusco, el Guerrero Bronco, los herederos de Zapata), y que ha escrito en más de 50 años de fructífera labor, se acrisolan en la figura de un gigante, del soviet supremo yucateco que partió la historia de Yucatán en dos: Felipe, el mil usos, del que se dicen tantas cosas y al que Armando nos devuelve su humanidad, su humano dolor por los pobres de su tierra por el cual peleó siempre, el hombre por el cual miles de campesinos mayas y mestizos del Yucatán profundo dieron lo mejor de sus esfuerzos para cambiar el sistema atroz y esclavista del Yucatán henequenero y su “modernidad canalla”.

            El líder motuleño que, saliendo de la penitenciaría Juárez de Mérida en 1913, se fue a Morelos para hablar con Zapata, el caudillo del sur con quien Carillo se carteaba y que pudo al fin conversar con él en 1914 en una de las bancas del Cuartel General zapatista recién establecido en San Pablo Ostotepec, con el horizonte de la dormida Ciudad de México. En aquella ocasión, al confesarle Zapata que nunca había conocido el mar, el antiguo ferrocarrilero, arriero, agricultor y periodista autodidacta de Motul lo invitó de esta manera a su tierra tropical: “Pues ahora que se haga la bola en mi tierra, lo invito a que se bañe en el Caribe”. En Tlaltizapán, Carrillo insistió al hijo de Anenecuilco: “en Yucatán había habido muchas haciendas cañero-azucareras, como en Morelos, pero que ahora lo que cinchaba a los pueblos era el henequén. Comparados los casos, concluyeron que cuando hubiera condiciones habría que llevar la lucha agraria al sureste…y entonces Zapata conocería el mar”.[4]

            Hay cariño y amor en el Suku’un Felipe de Bartra, y en más de tres ocasiones he derramado lágrimas de coraje y admiración en lo que narra porque la historia de Yucatán y de ese periodo revolucionario la tengo encarnada, y aunque he tratado de desmitificar las perspectivas adocenadas del carrilloportismo, el héroe revolucionario nos gana siempre. Carrillo Puerto nos da ejemplos de lucha y compromisos con el pueblo maya de ahora, y nos dice al oído: “Yucatán es maya. El extranjero que quiera entender nuestro problema y nuestras posibilidades debe comprender ese hecho simple”.


[1] Armando Bartra. 2020. Suku’un Felipe. Felipe Carrillo Puerto y la revolución maya de Yucatán. México. FCE.

[2] Armando Bartra. 2011. Tiempo de mitos y carnaval. Indios, campesinos y Revoluciones. De Felipe Carrillo Puerto a Evo Morales. México. Ítaca, p. 37.

[3] Estos son, Tiempo de mito y carnaval, y el Zapatismo con vista al mar: El socialismo maya de Yucatán. México. Universidad de Quintana Roo-Para Leer en Libertad AC.

[4] Armando Bartra. 2020. Suku’un Felipe. Felipe Carrillo Puerto y la revolución maya de Yucatán. México. FCE., p. 19.

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