Opinión

| TIERRA DE CHICLE | El Cincuentenario olvidado: la migración al “Territorio” que originó el estado de Quintana Roo (parte II)

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Biblioteca Yucatanense. Fondo Audiovisual. “Colonos para Quintana Roo”. Autor: Gregorio F. Méndez. 14 de julio de 1961.

Por Gilberto Avilez Tax

En el anterior artículo de esta columna, cerrábamos diciendo que nos abocaríamos posteriormente a hablar de las zonas de colonización y las adaptaciones de los campesinos a los nuevos paisajes agrícolas que se encontraron en el trópico. Este texto persigue ese objetivo.

            Basta recapitular algunas temáticas sobre la importancia suprema que tuvo la colonización de campesinos sin tierra al Territorio de Quintana Roo. Aunque se puede señalar que el impacto de esa migración que se acrecentó durante la etapa de gobierno de Aarón Merino Fernández, a la larga fue negativo en el aspecto económico, social y natural,[1] no cabe duda que estos campesinos y sus descendientes forman parte ya del abigarrado contexto sociocultural de Quintana Roo (al menos, del Quintana Roo de la zona sur), y contribuyen a singularizar una identidad construida a base de los “muchos Méxicos” que se presentan en esta región oriental de la Península.

            En su momento, los colonos fueron la respuesta a la falta de habitantes, el déficit de personas que existía en esta parte oriental de la península desde sus viejos orígenes porfirianos. Elisabeth Cunin apuntó sobre este principal problema al cual se tenían que enfrentar todos los gobernantes del Territorio: “vastas regiones no pobladas, falta de habitantes para fundar ciudades, incluso de administradores para gobernarlos”.

En 1935, un demógrafo mexicano, Gilberto Loyo, al percatarse de la ínfima densidad de población que se tenía en el Territorio, llegó a la conclusión inequívoca de que “Quintana Roo no es México”, y más si se tenía en cuenta que buena parte de sus habitantes (en 1930 contaba con 10,620 personas) era de origen extranjero (del lado inglés). Sólo sería con el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940), cuando la densidad demográfica comenzó a crecer de forma continua, y este crecimiento se robusteció en los años sesenta y setenta del siglo pasado, con la colonización ligada a la creación del estado, y en los noventa-dos mil con el desarrollo turístico.[2]

            Si bien con Cárdenas comenzó la canalización de campesinos sin tierra a zonas del país con abundancia de las mismas, no fue sino en el periodo de Adolfo López Mateos (1958-1964) y terminando con Luis Echeverría Álvarez (1970-1976), cuando a Quintana Roo llegaron, oleada tras oleada, campesinos sin tierra. La inmigración más grande ocurrió una vez que don Margarito Ramírez se fue del Territorio a fines de 1958, y llegara el ingeniero Aarón Merino Fernández a principios de 1959 para, en cinco años de su mandato como gobernador del Territorio, comenzar un largo camino de consolidación del estado en su parte económica, la explotación correcta de los bosques tropicales, el fomento de la pesca y la ampliación de las carreteras que comunicaban a Chetumal con Mérida y Escárcega para “incorporar debidamente al Territorio a los estados de la república”, así como buscar los fondos necesarios para crear “una nueva Chetumal” después desastre causado en la Ciudad de los Curvatos por el Janet.[3] En este sentido, resulta hasta paradójico que Margarito Ramírez, en uno de sus últimos informes de gobierno, refiriera ese “vasto plan” que ya se visualizaba con López Mateos, “el primer colonizador del Territorio de Quintana Roo” (palabras de Margarito Ramírez), pero que solo comenzaría con su sucesor Merino. Transcribo unos fragmentos del informe de don Margarito:

“Sin duda alguna el Lic. Adolfo López Mateos, actual Presidente de México, es el abanderado por excelencia de la reforma agraria. Todos los mexicanos nos dimos cuenta cuando inició su campaña Presidencial que surgía un gran conductor de la causa de los campesinos de México. Nos hizo conocer su intención con frases rotundas como las que pronunció en su discurso en Cuatla, Morelos cuando dijo: ‘que la Bandera del Agrarismo que enarboló Emiliano Zapata, no quedaría empolvada en su vitrina, sino que la haría flamear en la campiña mexicana’, y así lo va haciendo.

Para ello, [López Mateos dispuso que] todos los terrenos nacionales, que aún no han sido abiertos al cultivo en el sureste y en las costas, proyectó que resolverán el problema y que mediante una cruzada demográfica, llevará a ellos, a los excedentes de población campesina que aún no alcanzan beneficio de la reforma agraria. Al Departamento Agrario, a la Comisión Nacional de Colonización, al Depto. De Terrenos Nacionales y a la Dirección de Promoción Agrícola Ejidal, hizo que constituyeran lo que es ahora el Depto. De Asuntos Agrarios y Colonización. Y como parte de estos planes de su Gobierno, instruyó al Gobierno de Quintana Roo para que, en el Territorio, cuya superficie es de cinco millones de hectáreas, se utilicen alrededor de dos millones, para colonizarlas con campesinos de diferentes regiones del País, trabajando las nuevas tierras que se abrirán al cultivo, las áreas ganaderas y explotando racionalmente los montes maderables. Así el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización y el Gobierno del Territorio, están ejecutando ya los levantamientos topográficos, la clasificación de tierras objeto de la colonización, la planeación de los nuevos poblados que centralizarán los núcleos de población y a los cuales se dotarán de servicios públicos suficientes para hacer atractiva la vida de los inmigrantes. Cuando las carreteras que están construyéndose se terminen dentro del menor tiempo posible, como es la intención presidencia, se facilitarán más la realización de este vasto plan”.[4]

De 1959 a 1974, tanto las vías de comunicación –las carreteras troncales del estado- y la población, crecieron y posibilitaron el cambio constitucional a estado del antiguo Territorio. Si en 1950, la población del Territorio era de 26,996 habitantes, en 1963 tendría 72 mil, y el Censo de 1970 establecía 88 mil 150 habitantes. Y a partir de 1980, con la cuestión del turismo, en 30 años el estado pasaría la barrera del millón de habitantes venidos de todas partes de dentro y de fuera del país. En esta parte no tocaremos a los migrantes venidos por el acelerado desarrollo turístico, sino por las políticas de colonización en los tres sexenios que van de 1958 a 1976.

            En su estudio pionero sobre esta “colonización ejidal” de campesinos sin tierra al trópico, Odile Fort menciona cuatro razones de la colonización, de la cual destaco las siguientes: la búsqueda por parte del estado mexicano, de aumentar la producción agrícola, pues una producción de autoconsumo como se hacía por los mayas no era viable para sostener los proyectos turísticos en el norte del estado, como la creación de Cancún en 1970. Otro motivo era de buscar el mínimo de habitantes para constituirse como estado. Además, y creo que lo más importante, tiene que ver con el hecho del contexto de Guerra fría, de cercanía con la frontera caliente centroamericana donde se daban la presencia de guerrillas comunistas: la ubicación de la mayor parte de los nuevos centros de población a orillas del río Hondo, tenía como objetivo reforzar la frontera con Belice y Guatemala.[5]

            Las zonas de colonización, que al principio eran nueve en el estado, se restringieron a una sola: “el Valle de Ucum” y la región Bacalar y la bahía de Chetumal. En el “Valle de Ucum”, se abarcó todos los ejidos aledaños al Río Hondo, desde Subteniente López hasta Tres Garantías; y los ejidos Bacalar, Calderitas, Laguna Guerrero y Cafetal. Posteriormente, a partir de 1969, otros centros de población ejidal se fundarían con nuevos colonos a partir del término de la carretera Peto-Chetumal, conocido como la Vía Corta. Para abril de 1969, la pavimentación total de la carretera Peto-Chetumal, había finalizado.[6] En esta década de 1960, revisando la documentación agraria de estos pueblos, observamos el sostenido poblamiento de la Vía Corta, con la llegada tanto de colonos de fuera de la Península, como mayas yucatecos, en buscas de tierras más propicias y menos calcáreas.

Cuadro 1

Acciones agrarias de los pueblos de la Vía Corta entre 1963 y 1972

MunicipioPobladoAcción instauradaFecha de solicitudResolución presidencial
Othón P. Blanco[7]Valle HermosoDotación25 de mayo de 196319 de agosto de 1964
OPBManuel Ávila CamachoDotación3 de julio de 196921 de julio de 1970
OPBLos DivorciadosDotación19 de julio de 19694 de septiembre de 1970
OPBLázaro CárdenasDotación27 de julio de 197129 de diciembre de 1975
OPBLa Pantera (Graciano Sánchez)Dotación7 de agosto de 19722 de enero de 1976

Fuente: Archivo de la Reforma Agraria. Delegación Chetumal.

¿De dónde eran originarios los colonos que llegaron a Quintana Roo? Odile Fort apunta cuatro regiones del país: de la comarca lagunera (Coahuila y Durango), de Sinaloa, Michoacán, Guanajuato y Veracruz, pero también de los otros dos estados de la Península. Algunos se asentaban en pueblos ya existentes como Bacalar o Calderitas, otros en nuevos centros de población ejidal como Xul-Ha o Huay-Pix; y en la década de 1970 arribaría otra corriente migratoria animados por el vasto proyecto que representaba Cancún, formando nuevos centros de población ejidal en Sergio Butrón Casas, Carlos A. Madrazo y José N. Rovirosa.[8] En la región de Bacalar, como en Altos de Sevilla y Otilio Montaño, se conformaron por campesinos provenientes del estado de Morelos. Los guanajuatenses arribarían no solo a Graciano Sánchez sino hasta en las selvas alejadas de Puerto Arturo. En Cocoyol arribó gente de Jiquilpan, Michoacán (y de Guanajuato y Zacatecas), así como en Lázaro Cárdenas y Zamora. A Bacalar provino gente de Hidalgo, pero también de Jalisco, Guerrero y Michoacán, lo mismo pasó en Cafetal, en Calderitas y Laguna Guerrero. En Xul-Ha hubo gente de México y Jalisco, y en Tres Garantías de Jalisco y Veracruz.[9]




Compañía Periodística del Sureste. S. A. 1964. Biblioteca Yucatanense. Fondo audiovisual.

Muchas de esas familias campesinas eran de origen mestizo, pero también llegaron indígenas nahuas, totonacos, otomíes, entre otros, que practicaban sus fiestas y tradiciones en el trópico, como los michoacanos que trajeron sus danzas del toro con Juan Colorado; o los laguneros, que recreaban su danza al agua o a la lluvia llamada matachín,[10] y esto sin qué decir de su gastronomía, sus birrias y otros platillos que mexicanizaron los muy centroamericanos guisos de la cocina chetumaleña.

            La existencia y consolidación de esos pueblos de colonos no ha sido fácil, pero han buscado la permanencia comunitaria, a pesar de que el estado mexicano y el estado regional, con las políticas neoliberales de desestructuración del campo mexicano desde la década de 1990, y con el vuelco exclusivo a los afanes del turismo en Quintana Roo, los han olvidado hasta de las celebraciones mismas y del calendario cívico regional. Como decía Teresa Gamboa, la colonización “fue algo más que un número estadístico: involucró a seres humanos con sus experiencias de vida, cultura propia, sentimientos que oscilaron entre la esperanza, el miedo y el dolor ante el abandono de un mundo conocido”.[11]


[1] Esta es la cuestionable idea que apuntó hace más de dos décadas Martha Patricia Mendoza Ramírez: “Si bien con los programas de colonización se logró poblar la ribera del rio Hondo, que era una de las principales preocupaciones del gobierno federal, los resultados de dichos programas en los aspectos económico, social y natural han sido francamente negativos”, tendiendo, en 1997, la migración de los descendientes de colonos a ciudades como Chetumal o Cancún. Mendoza Ramírez. “El impacto de la colonización dirigida en la frontera sur. Análisis de la ribera del río Hondo en Quintana Roo, 1970-1980”. Secuencia (1997), 37, septiembre-diciembre, 95-110

[2]  Cunin, Elisabeth. 2014. Administrar los extranjeros: raza, mestizaje, nación. Migraciones afrobeliceñas en el Territorio de Quintana Roo, 1902-1940, México, CIESAS-Institut de recherche pour le développment-Karthala.

[3] Diario de Yucatán. Sábado 17 de enero de 1959. “El Gobernador Merino Fernández arribó ayer a Chetumal, Quintana Roo.

[4] Fondo T.F.Q.R. Sección Despacho del Ejecutivo. Serie: informes. Fecha 1959. Caja 27. Exp. 1497. Fojas 12. Asunto: Informe de labores del gobernador Margarito Ramírez. De una visita del presidente López Mateos y su esposa Eva Sámano a Chetumal.

[5]  Fort, Odile. 1979. La colonización ejidal dirigida y espontánea en el Estado de Quintana Roo: estudios de caso. México, INI. Del mismo parecer es Martha Patricia Mendoza Ramírez: “Políticas de colonización en Quintana Roo 1958-1980”. Tesis que para obtener el grado de Doctorado en Humanidades (Línea Historia). UAM. México. 2009.

[6]Archivo General del Estado de Quintana Roo. Fondo Territorio Federal de Quintana Roo. Sección Despacho del Ejecutivo. Serie informes, c. 26, exp. 566. Informe de labores de Javier Rojo Gómez.

[7] Actualmente, todos estos pueblos pertenecen al municipio de Bacalar.

[8] “Los nuevos rostros”. Por María Teresa Gamboa. Diario de Quintana Roo. Suplemento Nuestro Centenario. Lunes 19 de octubre de 1998.

[9] Mendoza Ramírez: “Políticas de colonización en Quintana Roo 1958-1980”. Tesis que para obtener el grado de Doctorado en Humanidades (Línea Historia). UAM. México. 2009.

[10] Fort, Odile. 1979. La colonización ejidal dirigida…

[11] “Los nuevos rostros”. Por María Teresa Gamboa. Diario de Quintana Roo. Suplemento Nuestro Centenario. Lunes 19 de octubre de 1998.

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